Creo que debo ser el único que conserva el espíritu navideño en estos días, pero es que no puedo evitar imbuirme del poderoso ambiente que nos rodea. Y es que es increible observar como la gente entiende realmente el sentido de estas fiestas, hasta el punto de que actuan como si realmente vivieran el nacimiento de El Salvador, y a uno le parece estar viviéndolo en su propia ciudad. Basta con salir a la calle en este día tan especial y verlas inundadas de pastores proletarios que abandonan sus casas para celebrar la buena nueva. Pastores que se creen reyes de oriente por un día y caminan siguiendo una estrella que les guía desde el cielo. Qué digo una estrella, cientos de ellas. De todas las formas y colores imaginable; desde las estrellas de cinco puntas, hasta los letreros de imnumerables colores, pasando incluso por sensuales formas humanas. Todas ellas hacen que el camino sea inconfundible. Y allá van los pastores convertidos en auténticos reyes magos, realizando sortilegios con su paga extraordinaria para conseguir el oro, la mirra y otros productos exóticos y manjares varios. Y cuando caiga la noche podremos ver como acuden a entregar esa ofrenda a su señor y salvador, a aquel que ha traido la paz y el amor a nuestro mundo, pilar de fe y esperanza de la sociedad cristiana. ¡Participemos todos en esta exaltación del comercio (y el bebercio)!¡Adoremos todos a nuestro señor el Ego!

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