... decíamos ayer
Ha sido difícil. Varios años de exilio neuronal. Cientos de cientos de letras perdidas en paises extraños, en pensamientos extraños. La voz escondida en grutas oscuras por la falta de eco. Otras veces, viajando por aires extraños gobernados por mares extraños. Las manos cansadas de hablar un lenguaje que no es el suyo. Los oidos exhaustos, trabajando día y noche en canteras donde no se oye más que el ruido de las herramientas. Un silencio demasiado enorme para dejar sitio a las palabras.
Pero estaban siempre ahí, volando. Volando sobre las coronillas de aquellos que viven mirando sus pasos, las pupilas cegadas de tanto mirar al cielo . Pero no se fueron. Y ahora que el destierro acabó, basta con restregarse los ojos para volver a vislumbrarlas y recrearse en la contemplación de aquello que las manos no podrán nunca retener.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home