3/31/2009

A Caverna

Es negro, dijo Cipriano Algor. Ya cuando fue a llevarle la comida le había parecido que el animal tenía ese color, o, como no faltará quien afirme, esa ausencia de él, pero era de noche, y si de noche hasta los gatos blancos son pardos, lo mismo, o más tenebroso, se podría decir de un perro visto por primera vez debajo de una morera cuando una lluvia menuda y nocturna disolvía la linea de separación entre los seres y las cosas, aproximandolos, a éstos, a las cosas en las que, más tarde o más temprano, se han de transformar.

(desculpas pela traduçao)

3/27/2009

Tenía esos discos un poco olvidados desde hacía bastante tiempo, los rescaté de mi viejo baúl con la escusa de grabar un CD para que mis alumnos empezaran a conocer música para saxofón. Algunos llevaba años sin escucharlos, como el genial Diez de Paco, del saxofonista y flautista Jorge Pardo y el pianista Chano Dominguez. Volver a escucharlos me hicieron recordar temas que en otro momento de mi vida habían estado muy presente, incluso yo mismo los había tocado una y otra vez. Especialmente, me sorprendió recordar Softly, as a morning sunrise, cuya existencia, a pesar de haberlo interpretado hasta la saciedad durante aquellas mañanas de ensayos con Rafa y Fermín, parecia haberse borrado de mi memoria.
Lo escuché, durante varias veces, Softly…, en versión del saxofonista Donald Harrison. Luego añadí a la lista de reproducción el Diez de Paco al completo. Y pasé toda la mañana escuchando esos temas y reviviendo las sensaciones que en otra época me habían hecho sentir… Sonó el teléfono. ¡Quillooo!, mañana va a estar aquí Jorge Pardo…
Y de repente, volvieron a sonar una vez más, las notas de Softly, as in a morning sunrise. Me di la vuelta. Allí estaba él, finalmente había cogido la flauta y lo primero que tocó, entre los murmullos de la gente, fue el comienzo de aquel tema tan familiar para mí, dejando clara su intención de que aquella sería la próxima canción que sonara aquella noche. En ese momento sentí como si todas las energías que me habían rodeado durantes esos últimos días estuvieran confluyendo inevitablemente hacia ese momento. Pedí otra cerveza y le di un buen sorbo. No sirvió para nada que el resto de los músicos que estaban en aquella jam sesion pusiera cara de “¿ese como era?”, Jorge Pardo se acercó a ellos y les hizo repasar mentalmente los acordes que configuraban la canción. Debía ser esa y no otra. Para cuando estaban listos para tocarla yo ya tenía mi saxo entre las manos y me dirigía hacia el escenario. El resto ya os lo podeis imaginar. Yo mismo debo hacer un trabajo considerable de imaginación. Recuerdo como comenzó y como acabó mi solo, aunque no lo que ocurrió durante. No se si fue una buena improvisación o una cagada, pero recuerdo que cuando abrí los ojos había gente que me miraba y me dirgía una sonrisa de aprovación. También Jorge. Aunque la sonrisa de oreja a oreja que yo tenía en ese momento no tenía nada que ver con aquello, era más bien como la satisfacción de haber cumplido una misión, de haber soltado por fin algo que tenía dentro y debía de salir. Fue lo último que toqué aquella noche. Todavía se pueden observar vestigios de aquella sonrisa en mi cara.

3/22/2009

A Caverna

-Sabe mejor que yo que los comerciantes de la ciudad luchan con grandes dificultades para mantener la cabeza fuera del agua, toda la gente va a comprar al Centro, cada vez hay más gente que quiere vivir en el Centro.
-Yo no quiero.
-¿Qué va a hacer si el Centro deja de comprar nuestra cerámica y la gente de aquí comienza a usar utensilios de plástico?
-Espero morir antes de que eso ocurra.
-Madre murió antes de que eso ocurriera.
-Murió en el torno, trabajando, ojalá pudiese yo acabar de la misma manera.
-No hable de la muerte, padre.
-Es mientras estamos vivos cuando podemos hablar de la muerte, no después.

3/21/2009

- Creo que me estoy enamorando de ti.
Lo pensó mientras la miraba, allí a su lado, como si estuviera hablando con ella. Lo pronunció mentalmente con la satisfacción de quien está convencido de sentir realmente lo que dice. Pero no se atrevió a decirlo en voz alta. Ella le besó, le acarició, se abrazó a él, como si hubiera captado su mensaje silencioso. Pero él sabía que parte de ese mensaje se había perdido en la nada, que nunca llegaría a entender en su totalidad lo que quería expresarle con aquella pequeña frase no pronunciada. La vida no concede segundas oportunidades. Aquel momento no se repetiría...

...Estaba inmerso y entusiasmado con su lectura. Aún así, llegó un momento en que el mar de letras, negras y compactas, que tenía ante los ojos comenzó a empañarse hasta convertirse en oscuridad...
...Y entonces la vio, sentada en la escalinata. Era de noche. Caminó lentamente hacia ella y se sentó a su lado, en el mismo escalón. Se miraron. Él era más alto que ella. Tornó la cabeza al frente con la mirada perdida en la nada, como quien está mirando sus propios pensamientos.
-Me he pasado todo el día observando con inquietud a cada mujer que pasaba por mi lado, buscando algún rasgo físico que me recordase a la chica del sueño, pero, sobre todo, esperando que algo indescriptible, como un haz de luz, como un aura, saliera de alguna de ellas y me regalara las mismas sensaciones que sentía cuando estaba contigo en aquel sueño, algo que me dijera: sí, es ella.
Se encontraba mirándola de nuevo y ella le devolvió la mirada, para luego cerrar los ojos e inclinar la cabeza hasta dejarla reposar tiernamente en su hombro, con una sonrisa que rebosaba calor y serenenidad.
-La vida no concede segundas oportunidades. Afortunadamente, los sueños sí.

3/08/2009

Perros

Hoy había perros que olfateaban incluso lo que se esconde detrás de las nubes. Había perros que subían a lo más alto de las farolas; algunos llegaban a parar el tráfico, otros eran capaces de contabilizar los besos de los enamorados. Siempre hay perros. Perros que se alimentan del alquitran bajo las suelas y del que flota en el aire, perros que corren cuando no pasan los coches y que son capaces de hacerse más anchos que las carreteras durante algunos amaneceres solitarios y dionisíacos.
En fin, siempre estan ahí, mientras las personas los miran sin saber que decir o vuelven la cara, hablando de lo que no saben. Sé que hoy me he convertido en perro al menos una vez y me gusta hacerlo todos los días. Desde aquí recomiendo a todos hacerlo al menos una vez al día y disfrutar de las virtudes de una raza que siempre ha estado ahí, y lo seguirá estando siempre, aunque nos guste pensar que sólo existen las personas y que estamos seguros y orgulosos de serlo cada minuto de nuestra existencia.