- Creo que me estoy enamorando de ti.
Lo pensó mientras la miraba, allí a su lado, como si estuviera hablando con ella. Lo pronunció mentalmente con la satisfacción de quien está convencido de sentir realmente lo que dice. Pero no se atrevió a decirlo en voz alta. Ella le besó, le acarició, se abrazó a él, como si hubiera captado su mensaje silencioso. Pero él sabía que parte de ese mensaje se había perdido en la nada, que nunca llegaría a entender en su totalidad lo que quería expresarle con aquella pequeña frase no pronunciada. La vida no concede segundas oportunidades. Aquel momento no se repetiría...
...Estaba inmerso y entusiasmado con su lectura. Aún así, llegó un momento en que el mar de letras, negras y compactas, que tenía ante los ojos comenzó a empañarse hasta convertirse en oscuridad...
...Y entonces la vio, sentada en la escalinata. Era de noche. Caminó lentamente hacia ella y se sentó a su lado, en el mismo escalón. Se miraron. Él era más alto que ella. Tornó la cabeza al frente con la mirada perdida en la nada, como quien está mirando sus propios pensamientos.
-Me he pasado todo el día observando con inquietud a cada mujer que pasaba por mi lado, buscando algún rasgo físico que me recordase a la chica del sueño, pero, sobre todo, esperando que algo indescriptible, como un haz de luz, como un aura, saliera de alguna de ellas y me regalara las mismas sensaciones que sentía cuando estaba contigo en aquel sueño, algo que me dijera: sí, es ella.
Se encontraba mirándola de nuevo y ella le devolvió la mirada, para luego cerrar los ojos e inclinar la cabeza hasta dejarla reposar tiernamente en su hombro, con una sonrisa que rebosaba calor y serenenidad.
-La vida no concede segundas oportunidades. Afortunadamente, los sueños sí.